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Cuando las palabras lloran. por Miguel Ángel Quintela Buendía se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.
sábado, 19 de octubre de 2013
Ignorado.
Me siento ignorado por la gente a la que me quiere y no soy capaz de ver como todos pasan a mi lado y no se dignan ni siquiera a pasarse a mirarme, recogerme y llevarme a un lugar tranquilo y sosegado.
Vivo en el número triste de la calle soledad, la sangre no circula por mis venas, ha parado, las pesadillas recurrentes ya no vienen a mí ya que un día las mate con alcohol durante toda una noche.
El corazón está agujereado y las emociones se me escapan por los lagrimales. Árbol muerto y marchitado, te recuerdo, te tengo en mis pensamientos ¿Dónde estarás gran árbol? Te veo, un grupo de pajarillos se han posado sobre tus viejos ramales muertos y de ellos empieza a nacer hierba de los rededores, vida, vida pienso yo, vida fresca y gratificante empiezan a recorrer por tus raíces yermas. Te lo mereces gran árbol.
Soy feliz al ver a toda esa gente a mi alrededor, soy feliz cuando todos me lanzan una sonrisa porque por muy magullado que esté, los últimos latidos que impulsen la sangre infecta de este cuerpo serán las de esperanza, esperanza en que todos se olviden de mí rápido como yo, poco a poco les olvido a ellos.
No estés triste alma, no hagas correr tus lagrimas de cristal por tus puras mejillas. En estos días he podido reflexionar sobre a donde iremos todos, sobre lo que moralmente seremos algún día y lo he pensado bien alma mía. Cuando un ser querido le cubre la fría tierra marrón, una nueva vida nace como aquel árbol muerto. Vida nueva y estimulante para los que estamos a nuestro lado.
Acuérdate de mí pequeña alma cuando la tierra por donde pisas me cubra porque nueva vida correrá por las arterias del planeta, mi veneno se disipará y de ella nacerán bonitas hierbas de colores dedicadas hacia ti; extenderé un gran valle con esas florecillas para que se asombren sobre la belleza, para que sepan que un hombre carcomido por el veneno más cruel que existe, la tortura del amor, no triunfe sobre la belleza más hermosa, cálida y especial que ha podido existir nunca.
Me encamino hacia nuevas fronteras alma mía. Tanta gente me ha decepcionado, que ya no sé ni porque me merezco vivir. Te escribo esta carta desde lo más profundo de mi corazón sano, la pequeña parte que me queda y que en poco tiempo se consumirá como los últimos rayos del sol en una bonita puesta de atardecer tropical, porque pequeña alma, hasta cuando el radiante y cálido sol deja de brillar lo hace con tranquilidad, sin prisas y sin coacciones, lo hace sonriendo, brillando más que nunca, dando esperanzas a hombres que como yo, ya no la tienen. Ese seré yo pequeña alma, seré como el sol que te ilumina; poco a poco me iré fundiendo en tu horizonte pero lo haré más intenso que nunca.
Te amo.
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