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jueves, 17 de octubre de 2013

Pesadillas.


Querida Alma de Cristal:

Desde tu exilio al olvido de mi corazón no he podido de dejar pensar en ti. Sólo veo vació donde hay abundancia y mi mente se desintegra con cada paso que das hacia el horizonte.

Tengo pesadillas recurrentes cada cierto tiempo desde que tú te fuistes pequeña alma cristalina.
El árbol del que te hable ayer está muerto en su totalidad, ahora sólo me toca recoger su marchito y podrido cuerpo y llevarlo lejos, allá donde los fuertes y salvajes caballos resoplan y corren raudos como el viento. Allá donde las vacas pastan por los verdes campos en un leve mecer del tiempo. Necesito olvidar el pasado pero, no puedo, es demasiado difícil para mí; te amo tanto alma mía que aún así te recuerdo en vagos sueños.
Esos sueños....sueños de marfil, sueños de plata; venid, venid a mí en las oscuras y pesadumbres noches y días, cuando me sumerjo en el olvido y mi existencia desaparece de toda razón humana dejando atrás estelas de desengaños y pasiones fallidas. Sueños ponzoñosos y serpenteantes, dejadme por favor, ¿Acaso no habéis hecho ya demasiado daño a un corazón noble?, ¿Acaso no habéis matado a todas mis razones y morales que tengo en mi interior?, ¡Atadme, secuestrarme, torturarme y matarme si hace falta pero antes dejad que todos mis sentimientos se liberen, que todas las hojas de este pasado árbol floten por la cálida y suave brisa del mar bravío, que el último pensamiento que tenga sea el de ese ser querido, dejadme sólo tener una última visión de esa persona, dejadme sólo estar un minuto más con él, dejadme decirle lo mucho que le quise y que le querré en todos los años venideros, dejadme que sus labios perfectos rocen con las arrugas de mi piel marchita y descompuesta, dejadme todo eso a un pobre hombre en el que desata toda su pasión en esta carta de tortura y consuelo!

Querida Alma, las pesadillas venenosas cada vez se amontonan en mi mente y temo la soledad al igual que temo a un gran oso, temo el quedarme sin recursos para no poder escribirte más estas pocas líneas que te ofrezco, temo que el alcohol pase más fluido y corrido por mis venas, temo que el humo de este cigarro me atragante los ulcerados pulmones en donde antes respiraba aire puro y fresco.

Lo recuerdo, recuerdo cuando fuimos al valle tu y yo a solas. Recuerdo cuando me cogiste de la mano, recuerdo la suave caricia de las hierbecinas rozándome, recuerdo cuando la suave mano tuya resbalaba por el rocío de las flores que tú me trajiste al pie de esa roca y lo más maravilloso de todo, recuerdo cuando tú me sonreíste; apoyaste las manos en mis hombros y me distes un cálido y exultante beso en donde el tiempo se ofreció a pararse; en donde el sonido de los pajarillos se caló por segundos, en donde el viento nos meció suavemente en donde el mundo entero nos miró y la luna aumentó porque se llenó de un gran deseo de amor, amor que ella nunca podrá tener.

El sueño de nuevo se me apodera, veo los sueños malignos acercarse a mí en caballos negros esquéleticos, sé que me quieren hacer daño y sé que me quieren hacer volverme loco pero no lo conseguirán porque mis pensamientos de tu y yo serán más fuertes y resplandecientes que cualquier maldad que pueda haber en el mundo.

Una jaula se apodera de mí. Ya están aquí, ya los veo, no podré escapar nunca de este ciclo insufrible de tortura y martirio. Lo siento.

Siempre tuyo.

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