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martes, 15 de octubre de 2013

Perdón.

Querida Alma:

Te escribo esta carta en una noche de una gran luna llena con la mirada serena y con las manos atadas, atadas por una fuerte desilusión, la desilusión del amor. Otra vez te he vuelto a fallar querida alma y tú, como si nada, coges otro parche y lo pones sobre la zona en donde tu cuerpo está herido o magullado.
El veneno de la desesperanza corre por mis congeladas venas y el corazón, poco a poco; inerte como el viento deja de latir a su ritmo natural y se queda suspenso en el tiempo.

Veo la luna llena y te veo tu sonrisa, pequeña alma de cristal, veo tus sentimientos y emociones, veo como te encuentras ahora, triste por dentro pero radiante por fuera.

Querida Alma de Cristal, lo siento mucho por lo que te hago pasar y por lo que te haré pasar en tiempos futuros. Lágrimas caen a mí como una maravillosa cascada de emociones y sentimientos mezclados, lloro, lloro ante la hermosa luna llena, lloro, lloro ante el cementerio de tu corazón.
No puedo más pequeña, este cuerpo tiene demasiada metralla metida, sé que tú sólo quieres el bien para mí pero es hora de despegarse de este mundo cruel para viajar, viajar a lugares fantásticos de cuentos en donde el amor es la mayor sensación placentera que puede tener el ser humano.

Te busco por todos los sitios pero no te encuentro, te encuentro y aun así no te reconozco y paso de largo en el camino que sigue mi vida.

Veo un árbol, camino hacia él, árbol marchitado, dime tus penas, dime tu sensación, cada hoja que veo en ese árbol es un recuerdo bonito de mi vida que con el paso del tiempo se ennegrece y se pone mustio para siempre.

Dime árbol marchitado, ¿Por qué estás así? ¿Acaso eres tú el recuerdo vago de mi corazón? -No lo sé. Responde mi agitada mente. Dime árbol carcomido, dimelo; cuéntame tus logros pasados, tus fantasías antes de que nuestro más cruento enemigo pase de nuevo por delante de nosotros y haga caer la última hoja de esperanza e ilusión. No te preocupes pequeño árbol; el fin ha llegado para nosotros dos. Tu savia se oscurece. Mi sangre se para. Tus ramas se pudren. Mis sentimientos mueren como un rayo fulminante en una huracanada noche.
No puedo seguir escribiendo pequeña alma pero si hay algo que se resume es que perdóname por ser un cruel monstruo, perdóname por ser tan egoísta pequeña mía. Eres tan inocente, tan ávida cómo una paloma blanca en un feliz día de otoño...

No desesperes alma. Corre, camina, viaja antes de que este cuerpo salpique veneno en tus últimos sentimientos. No mires nunca atrás pequeña alma de cristal porque aunque tienes apariencia débil, ni las más huracanadas tempestades te harán caer.

RECUÉRDEME EN TU VIAJE HACIA EL EXILIO. Te amo mi pequeña...

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